Preguntas y Respuestas

 

¿Cuándo tengo que ir al psicólogo?

La respuesta es compleja, aunque hay un punto común que se repite en casi todos los casos y que se puede utilizar para entender la necesidad de acudir a un especialista. Cuando los propios recursos de la persona se vean superados por las demandas de la situación. En otras palabras, cuando no seamos capaces –ya sea por falta de herramientas o por un uso disfuncional de las mismas- de adaptarnos a los cambios que se produzcan en nuestra vida. Si el día a día se convierte en una tortura; si nada más abrir los ojos sentimos una profunda falta de motivación y energía; cuando en el trabajo nos sentimos incompetentes y sin embargo antes éramos capaces de todo; al perder un ser querido y sentir que ya nada tiene sentido. Cuando nuestra manera de evadirnos sabemos que no es la correcta y usamos el alcohol, las drogas o las máquinas de juego. Si andamos por la calle y notamos de pronto y sin ningún motivo aparente los síntomas fisiológicos de la ansiedad. O cuando parece que nuestros pensamientos no son controlados por nosotros, sino que se repiten incesantemente sin poder hacer nada para evitarlo. En todos estos casos viene bien acudir lo antes posible a un psicólogo. Yo, Rubén Mosquera, ¿creo que hay que acudir únicamente cuando se está ya hundido en un sentimiento de descontrol, tristeza o ansiedad?. La respuesta es rotunda: NO. Creo que la psicología no sólo debe tener un carácter paliativo, sino también preventivo. Muchas son las ocasiones en las que la persona viene a la consulta con un padecimiento que dura ya varios años e incluso décadas. Solucionar problemas tan consolidados puede llegar a ser mucho más complicado y requerir más esfuerzo que si hubiéramos pedido ayuda desde un primer momento. En uno de mis artículos de opinión hago una extensa referencia a este tema complicado.

¿Cuánto puede durar el tratamiento?

Como norma general, un tratamiento psicológico no tiene una duración concreta. Es una cooperación entre psicólogo y paciente, por lo que dependerá no sólo de las técnicas específicas utilizadas por el profesional, sino también del trabajo mutuo, de la confianza y el esfuerzo que hagan ambas partes. Por supuesto, hay ciertos límites que, con más o menos flexibilidad, se han de tener en cuenta. Si un tratamiento no ofrece ningún tipo de resultado en un periodo de tiempo reducido, se han de tomar medidas para mejorar el enfoque o el trabajo de ambos participantes. En mi caso, recomiendo siempre un inicio de dos consultas a la semana, para ir pasando de manera progresiva a una consulta a la semana, una cada dos semanas, y terminar con una al mes como medio de control y reevaluación. Aún así, y a riesgo de repetirme, insisto en la necesidad de evaluación y acuerdo entre paciente y psicólogo, para poder realizar un trabajo conjunto que haga que la persona mejore su día a día. Por ello, la duración del tratamiento es difícil de concretar antes de conocer el problema y sentar las bases de una cooperación necesaria.

¿Por qué me pasa esto a mí?

La sensación de descontrol y desconocimiento suele derivar en síntomas ansiosos o depresivos. Una de las primeras labores en mi terapia será dar un sentido a las cosas que nos ocurren, buscar las causas que han desembocado en una situación actual que parece desbordarnos. Lo primero que quiero aclarar es que no sólo le pasa a usted, sino que es común a mucha más gente. Sin embargo, para cada persona sus problemas son los más importantes, así que el saber que le ocurre a más personas y no sólo a usted quizá no aporte demasiado consuelo. Recuerde que es sólo una etapa de su vida en la que varios aspectos se han tornado negativos. Volverán a girar 180 grados para recuperar el grado positivo que quizá tuvieran antes.

¿Acude mucha gente aquí por este problema?

Esta es una pregunta común entre la mayoría de las personas que acuden a mi consulta. La sensación de ser raro, diferente, de no haber podido responder de manera funcional a determinadas demandas mientras otros sí que parece que han podido, genera un sentimiento de indefensión y debilidad que dista mucho de ser una realidad objetiva. Problemas relacionados con el estado de ánimo, la ansiedad, la alimentación, la pareja, el duelo o las obsesiones, son muy comunes dentro de nuestra sociedad. Sin embargo, el estigma que parece acompañar aún en el siglo XXI a las personas que acuden a una consulta psicológica, hace que no se comparta ni siquiera con los más allegados la información personal ni el hecho de acudir a consulta. La imperante necesidad de eliminar este cliché para normalizar situaciones que están a la orden del día de amigos, compañeros de trabajo y familiares, es uno de los asuntos que trato en uno de los artículos de opinión colgados en esta misma web.

¿Voy a salir de esto? ¿Tiene salida?

Otra vez esta pregunta requiere una respuesta concreta y rotunda: SÍ. Sí tiene salida y sí vas a poder salir de la situación, por muy negras que veas las cosas en el momento actual. A veces la sensación de pozo negro hace que la desesperanza ante el futuro nuble las capacidades y recursos que tenemos o podemos aprender para salir de ese agujero. Sin embargo, no quiero ocultar la extrema importancia que tiene el trabajo y esfuerzo que realiza cada paciente durante los días que no acuden a consulta. Podría casi afirmar que el trabajo diario de la persona es directamente proporcional a la mejoría progresiva que van sintiendo con el avance de las sesiones. Los pacientes que no están dispuestos a trabajar y esforzarse durante el periodo de terapia, van a requerir con toda probabilidad más sesiones y más duración de tratamiento, con la consecuente sensación de un avance lento. Luchar por estar de nuevo bien es un requisito fundamental para los buenos resultados de la terapia.

 

Envía tu pregunta, la publicaré en esta página una vez validada